Speaker #0Seguimos en el Salmo 137 y le he puesto como título al mensaje de esta mañana, ¿Cómo cantaremos? ¿Cómo cantaremos? Sabes, yo me he hecho estas preguntas a lo largo de mi caminar con el Señor, a lo largo de mi vida cristiana yo me he hecho estas preguntas. ¿Cómo se ora cuando Dios parece guardar silencio? ¿Cómo es que yo puedo orar cuando a veces siento que Dios está callado? ¿Cómo permanezco fiel cuando la obediencia pudiera resultar complicada o costosa? ¿No que me está pidiendo Dios demasiado para obedecerlo? ¿Cómo se adora cuando el corazón está cansado? ¿Cómo le haces? ¿Cómo le hago? ¿Cómo se canta? Y esa es la pregunta. ¿Cómo se canta en tierra extraña? Y cuando digo cantar en este contexto, no estoy hablando de música y no estoy hablando de verdad canciones bonitas, sino estoy hablando de que tú y yo podamos seguir viviendo como pueblo de Dios en un lugar, en medio de una generación, en medio de un ambiente que constantemente intenta moldear la forma en que vivimos, la forma en que pensamos, la forma en la que accionamos. que quiere moldear en nosotros otros valores que van en contra de la palabra de Dios que quiere de verdad quizá traer en nosotros o hacernos creer que hay otras prioridades que son más importantes y quizá otros amores que son más importantes que amarle a Él. ¿Qué cosas te decía han comenzado a perder su carácter santo en tu vida? Quizás la oración, quizás no estás orando. O quizá horas de rapidito. Ah, sí, Dios, gracias porque eres bueno. Amén. La adoración. ¿Adoras? ¿Tomas un tiempo en casa para adorar al Señor? ¿O tu única adoración es aquí, 15 minutos? ¿La comunión con Dios? ¿Estás apartando un tiempo para tener ahí tus pláticas, tus charlas con Dios? ¿O estamos muy cansados como para hacerlo? Es que trabajé mucho, es que tengo sueño, es que le estás quitando el peso a la palabra, a la obediencia, a lo que Dios te está pidiendo. ¿Sabes? Es posible, es bien posible que tú y yo realicemos actividades espirituales, pero sin darles el peso de santas. sin apreciarlas, sin darles su honra, sin darles su reverencia. Es posible. Es posible cantar sin adorar. Es posible abrir la boca y nada más repetir palabras y tu corazón no está adorando. Es posible escuchar sermones sin someternos a la autoridad de la palabra. Es posible. Es posible leer la Biblia. sin encontrarnos con el autor de la palabra. Es posible. Y cuando esto empieza a ocurrir en tu vida y en mi vida, nos empezamos a parecer a Babilonia. No porque hayamos abandonado la fe, no porque reneguemos de nuestra fe, no porque reneguemos de Cristo, sino porque hemos comenzado a tratar como común como corriente aquello que Dios ha declarado santo. Y la pregunta del Salmos 37, versículos 3 y 4, nos invita a detenernos y a preguntarnos ¿qué áreas de mi vida yo he permitido que sean definidos por la cultura del mundo y no por la palabra de Dios? Porque el pueblo de Dios puede vivir en Babilonia. Pero lo que no podemos hacer es permitir que Babilonia influencie nuestra adoración. Hay cosas sagradas que no se negocian. No porque estemos tratando de ganar el favor de Dios, sino porque ya le pertenecemos a Él. Segundo punto esta mañana es la fe que no canta todavía está adorando. Puedes estar adorando. Ellos, el pueblo de Israel, aquí en el exilio. al no cantar, al decidir no cantar, estaban adorando a Dios. ¿Por qué? Porque no estaban. tergiversando, no estaban comprometiendo su fe, no estaban quitándole lo santo a lo que era santo. Y eso es adoración también. Tú y yo adoramos cuando tratamos a lo que es santo como lo que es eso, como santo. Esto también es adoración. Cuando tratamos con reverencia lo que merece ser considerado digno, santo. ¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña? Dice el texto. ¿Sabes el silencio de ellos al negarse a cantar, al negarse a entretener a los que los llevaron cautivos? A los que, ve como dice el texto, el versículo 3, dice, pues allí los que nos habían llevado cautivos. Nos pedían canciones y los que nos atormentaban nos pedían alegría. O sea, diciendo cántenos algunos de los cánticos de Sion. Y ellos dijeron al pueblo, dijo no vamos a cantar, no vamos a cantar. No vamos a tratar como indigno lo que es digno. No vamos a tratar como común lo que es santo. Porque vamos a darle la honra y el lugar. Que se merece a lo que es santo. Y eso también es adoración. No están rechazando al Señor. Ellos están tratando de discernir cómo permanecer fieles al Señor en circunstancias que nunca habían esperado. En circunstancias adversas. En circunstancias dolorosas. En problemas. Cómo permanezco fiel a Dios en... Y sabes, existe, hay una diferencia entre perder la fe y luchar por ejercer la fe en medio de circunstancias difíciles. Hay una diferencia entre perder la fe y luchar por ejercer la fe en medio de circunstancias difíciles. Y todos hemos estado en circunstancias difíciles, todos, todos, nadie. Aquí no ha estado así. La pregunta es, ¿qué hacemos? ¿En dónde está tu fe cuando enfrentamos situaciones así? Ya lo vimos. José fue fiel en Egipto. Daniel fue fiel en Babilonia. La reina Esther también fue fiel en Persia. Y el pueblo y la iglesia primitiva, la iglesia naciente, fue fiel bajo. la persecución romana. ¿Sabes? En todo esto que te he hablado, en estos ejemplos hemos visto cómo las circunstancias cambiaron. Y ¿sabes qué? Las circunstancias en tu vida y en mi vida cambian, pero Dios permanece igual. Dios no cambia. Las circunstancias pueden cambiar, pero Dios no cambia. Él permanece igual. Y aquí esto habla de la fidelidad de Dios. palabra en hebreo que es maravillosa que nos recuerda esta verdad y es la palabra gesed es una de las palabras más ricas del antiguo testamento no hay una traducción única para la palabra gesed porque gesed habla del amor leal de dios habla de la fidelidad de dios habla de la determinación de dios para cumplir aquello que ha dicho. Y sabes, el exilio demuestra dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, va a demostrar que Dios sí se toma en serio el pecado, pero también que Dios permanece fiel a sus promesas. Ellos fueron al exilio por su pecado. Pero aún en su pecado, Dios permanece fiel. Aún en el exilio, Él permanece fiel. El juicio de Dios, aquí ellos en Babilonia, ¿qué crees? No canceló el pacto de Dios. No canceló la promesa de Dios para ellos. La disciplina no eliminó la fidelidad de Dios. Dios no dejó de ser fiel solo porque ejercitó una disciplina al pueblo. Porque ahí los llevó al exilio. Dios, aún en el exilio babilónico, seguía siendo... El Dios de Abraham, el Dios de David, el Dios de Israel. Y él sigue siendo el Dios de tu vida y el Dios de mi vida. Dios seguía comprometido aún en el exilio con el futuro de su pueblo. Y yo te quiero decir esto esta mañana. Aún en tu dolor, aún en tu fracaso, aún en tu adversidad, aún en tus problemas, aún en las circunstancias adversas, aún en tu exilio. O sea, lo que tu exilio se vea, como se vea, Dios sigue comprometido con tu futuro. Porque el que comenzó la buena obra en ti no la va a terminar. La va a llevar a completición. la va a llevar a fruto. Dios no se ha rendido contigo. No se ha rendido. Vamos rápidamente al libro de Miqueas, porque es maravilloso. Está hablando, como te lo dije, Miqueas capítulo 4, al empezar el servicio, está hablando de un tiempo futuro. Pero también aquí está hablando del juicio que va a recibir el pueblo de Israel. Y ve lo que dice Miqueas capítulo 4, versículo 10. Son palabras fuertes, son palabras... Dice, retuércete y gime, hija de Sion, como mujer de parto. Yo soy hombre, así que no tengo entendimiento de esto, pero quizá aquí las mamás pueden decirnos lo que son los dolores de parto. Dice, porque ahora saldrás de la ciudad y habitarás en el campo. Dice, ¿e irás a dónde? A Babilonia. Dice, allí serás rescatada, allí te redimirá el Señor. Vamos a volverlo a leer. Retuércete, hijime, hija de Sion, como mujer de parto, porque ahora saldrás de la ciudad y habitarás en el campo e irás a Babilonia. Está hablando. ¿Por qué dice ahí? Allí serás rescatada. Allí te redimirá el Señor de la mano de tus enemigos. Miqueas no está diciendo en estos versículos que Babilonia dejó de ser Babilonia. Tampoco está diciendo que el sufrimiento deja de ser sufrimiento. Tampoco está diciendo que el exilio es agradable. ¿Pero qué sí está diciendo Miqueas aquí? ¿Qué sí está diciendo? Está diciendo que el exilio no puede frustrar los propósitos de Dios. ¿Qué si está diciendo que el mismo Dios que anunció el juicio es el mismo Dios que ha prometido restauración? Que la disciplina nunca es el final de la historia. Nunca lo es. Y dice la Escritura que quizá al principio, al presente, la disciplina puede parecer dolorosa e incómoda, pero da un fruto que es apacible. La restauración siempre tomó y siempre va a formar parte del plan de Dios. para su pueblo y también la restauración forma parte del plan de Dios para tu vida y para mi vida. Siempre. La palabra clave aquí es allí. Allí. No después. No lejos de ahí. Dice, ahí serás rescatada. Allí te redimirá el Señor. En medio del lugar donde parece que todas las promesas han sido rotas o han fracasado, ¿qué crees? Dios sigue siendo fiel. Dios sigue siendo fiel. Y la siguiente imagen es una imagen que a lo mejor los que están casados lo pueden entender, yo no todavía. Pero, a ver, el anillo de matrimonio por sí mismo es un pedazo de metal, ya sea si te alcanzó para oro, si te alcanzó para uno de plata, o si te alcanzó para uno de lo que te haya alcanzado. Es un pedazo de un material, ¿verdad? Pero cuando entra en el contexto del pacto, ¿Pacto matrimonial? ¿Importa ese anillo o no importa ese anillo? ¿Qué les digo a los que están casados? ¿Qué importa? ¿Importa o no importa el anillo? ¿Qué representa el anillo que tienes en el dedo? Un pacto. Un pacto. Se convierte en una señal visible de un pacto invisible que hicieron con el Señor de amarse, procurarse unos a otros. Habla de promesa. Habla de compromiso, habla de pertenencia. ¿Cómo sentirías, Fer, si vengo y te digo, a ver, préstame, puedo ver tu anillo, Fer? Y veo y me lo das y me dices, ah, mira, justamente necesito para unir, necesito unir dos pedazos de PVC y mira, justamente el tamaño de tu anillo es el que necesito para unir los dos pedazos de PVC. ¿Te sentirías insultado? Porque para ti ese anillo representa fidelidad, representa el pacto que hiciste delante de Dios de amar y de cuidar a Carla, de protegerla, de proveer, de ser su mejor amigo, de ser su cómplice. Y yo lo trato como si fuera un empaque más. Los cánticos de Sion eran señales visibles. de la relación de ellos que tenían. Y el anillo recuerda también una cosa, que el pacto y el amor que ustedes se prometieron no depende de las circunstancias que les rodean. Porque tú estás hoy aquí y al ratito sales a la calle y después vas a comer aquí en Viña, en el trayecto y en la comida, y no importa la circunstancia, ese anillo te recuerda el pacto que hiciste. Delante de Dios, lo mismo pasa. Un matrimonio sigue siendo un matrimonio durante los días buenos y durante los días difíciles. La fidelidad de Dios hacia su pueblo no desaparece cuando llegan los momentos de disciplina, de dolor o de incertidumbre. Y te hago esta pregunta, ¿tu corazón sigue orientado hacia Dios? ¿Sigues llevando tus luchas delante de Él? ¿Te sigues aferrando a su verdad? ¿Sabes? La fidelidad bíblica no consiste en mantener siempre la misma intensidad emocional. Consiste en qué? En seguir confiando en Dios. La fidelidad de Dios no depende de la fuerza de tu voz. Depende de su carácter. No porque grite más fuerte cuando esté orando. No porque cante más fuerte. Estoy manifestando mi fidelidad a Dios. La fidelidad de Dios hacia mí no depende del grito. Porque Dios es fiel, porque ese es su carácter. Él no sabe no ser fiel. Sabes, la disciplina, el problema, el dolor no es el final de la historia. Pero la fidelidad de Dios sí es el final de la historia. Y ya para terminar. El tercer punto es la pregunta que no se puede responder se le lleva a Dios. Eso que tú no puedes responder, hay que llevárselo a Dios. ¿Sabes la incredulidad? Termina antes de que tú escuches a Dios. Es decir, si somos incrédulos, no le damos la oportunidad a Dios de que hable. Le cerramos la puerta antes de que Él hable. La fe, por el contrario, lo que haces lleva a sus preguntas delante de Dios. La incredulidad dice, Dios me abandonó. La fe dice, Señor, ¿dónde estás? La incredulidad dice, Señor, tus promesas fallaron. La fe dice, Señor, ¿cómo estás cumpliendo tus promesas en medio de esto? La incredulidad cierra la conversación. No te creo, Dios. La fe mantiene el diálogo abierto. Estoy aquí, Señor. No entiendo, pero te quiero escuchar. Esto me duele, pero te quiero escuchar. Humanamente no te puedo ver obrando en esta situación, pero sé que estás obrando, así que algo vas a hacer. Y sabes, por eso me encantan los salmos, porque podemos ver hombres y mujeres que llevaron cosas, llevaron sus corazones. sus luchas, sus alegrías, sus tristezas delante de Dios. Y en los Salmos encontramos preguntas como, ¿hasta cuándo Dios? El Salmo 13, versículo 1, así nos dice, ¿hasta cuándo Señor? ¿Hasta cuándo? No sé tú, pero yo he estado en momentos en los que le he dicho a Dios, ¿hasta cuándo? O sea, ¿hasta cuándo voy a seguir con esto? ¿Hasta cuándo me va a seguir doliendo? ¿Hasta cuándo voy a seguir luchando? También el Salmo 10, versículo 1. El salmista dice, ¿por qué estás lejos? Le está diciendo a Dios, ¿por qué estás lejos? Esa era la percepción del salmista. No es que Dios estaba lejos, es que quizás su corazón todavía necesitaba ser reordenado para poder reconocer la realidad de la cercanía de Dios. El salmista en el Salmo 22.1 dice, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué me has abandonado? La Biblia no le tiene miedo a preguntas honestas. Lo que condena es la rebelión del corazón. Dios no se va a espantar porque vengas y le hagas preguntas incómodas, le hagas preguntas que duelan. Él no se va a espantar. Pero hay una diferencia enorme entre cuestionar a Dios y acudir a Dios con tus preguntas. Muy diferente cuestionar lo que hace Dios que decirle Dios. no entiendo esto. Una cosa es Dios, ¿por qué haces esto? Estás cuestionando la voluntad de Dios, estás cuestionando cómo Dios se mueve. Hay una diferencia entre esto a decirle, no entiendo, pero ayúdame a verte. No entiendo, pero ayúdame a comprender lo que estás haciendo en esto que yo no estoy pudiendo ver. ¿Y sabes? En el Salmo 137 la respuesta de Dios no vino de forma inmediata. Dios no respondió en el siguiente versículo. El exilio babilónico duró por lo menos 70 años. Dios no respondió luego luego. Hubo un tiempo, hubo un lapso, pero al final Él respondió. Pero aún en el exilio Dios siguió gobernando sobre la historia de su pueblo. Sabes, la ausencia de una respuesta inmediata no significa la ausencia de Dios en nuestras vidas. El que Dios no te responda así para ayer no significa que Él no esté obrando en tu vida, obrando en tu situación. Nos está madurando. Porque acuérdate que dice que la prueba produce paciencia y la paciencia produce carácter, es decir, madurez. ¿Sabes? Es como un niño que entra a un cuarto oscuro. Quizás por primera vez no entiende lo que está pasando. Si lo manda solito, no va a entender los detalles y se va a espantar. Pero si entra contigo como papá, tu hija no va a tener miedo porque va agarrada de tu mano, Fernando. Porque tú vas con ella, aún en ese cuarto oscuro, tomándole la mano y tu hija está tranquila. Si la metieras así... Sin tu presencia ella estaría aterrada y preguntando por ti, ¿dónde estás papá? ¿dónde estás papá? Te cambió tu presencia. El que tú estés ahí con ella a su lado tomando de la mano, a ella le infunde confianza, tranquilidad, seguridad. Sabes, Dios no elimina a veces inmediatamente la oscuridad, pero sí promete acompañarnos en el proceso. Israel tuvo que atravesar el desierto para llegar a la tierra prometida. José tuvo que vivir en Egipto muchos años hasta llegar a ser el segundo. Daniel tuvo que atravesar Babilonia, tuvo que atravesar el foso de los leones. Los discípulos tuvieron que atravesar la tormenta en el barco cuando decían, nos ahogamos Señor, ¿por qué estás durmiendo? Pero en cada caso, la presencia de Dios resultó más determinante. que en las circunstancias. La fe bíblica no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en conocer al Dios que tiene las respuestas. Al Dios que sostiene tu vida. Al Dios que cuida de ti. Al Dios que te fortalece. Al Dios que tiene un plan perfecto y maravilloso para tu vida. ¿Cuál es la pregunta que has estado evitando hacerle a Dios? Quizás una pérdida. ¿Por qué perdí esto, Señor? ¿Por qué se fue tal persona de mi vida tan rápido? Quizás sobre alguna oración que aún no ha sido respondida. ¿Hasta cuándo, Señor, voy a encontrar a alguien que me ame? Quizás una temporada de sufrimiento, Señor, ¿hasta cuándo voy a seguir? ¿Hasta cuándo va a seguir doliendo esto? A lo mejor es algo que tú no entiendes, Señor. ¿Por qué estás permitiendo tantos cambios en mi vida? ¿Por qué parece que salgo de una cuando ya estoy entrando en otra, Señor? Son preguntas sanas que podemos llevarle delante de Dios, no para cuestionar a Dios. sino para que la respuesta de Dios reordene nuestro corazón. Porque cuando Dios responde, Dios reordena tu corazón. Y cuando Dios reordena tu corazón, comienzas a ver las cosas desde una perspectiva diferente, desde la perspectiva suya. Y eso cambia. Salmo 137 nos invita a eso, a llevar nuestras preguntas a Dios. Así, como están, con toda su complejidad. Dios no necesita que se... Le hagamos preguntas elegantes, que seamos elocuentes al preguntarle y así hacer preguntas elevadas. Él quiere que seamos sinceros, que le digamos así, raw, así, sin disfraz, así, crudamente, las cosas. Él nos llama a confiar en su carácter cuando todavía no entendemos sus caminos. Dios te llama a confiar en su carácter, aunque no entiendas su camino. Aunque no entiendas el camino, es, no entiendo por qué tengo que caminar por acá, no entiendo por qué esto está, duele, lastima, pero Señor, sí confío en tu carácter. Confío en que tú eres fiel, en que tú me sostienes, en que tú me guardas, en que tú me libras. En eso sí confío y a eso me aferro. Hoy quiero recordarte esto. La demora no significa abandono, la disciplina no significa rechazo y la espera tampoco significa olvido. El mismo Dios que sostuvo durante 70 años a los exiliados en Babilonia es el mismo Dios que te puede sostener y te quiere sostener el día de hoy. Porque la fidelidad de Dios es más estable que nuestras circunstancias y su pacto más firme. que nuestras emociones. ¿Qué vas a hacer el día de hoy? ¿Qué vas a hacer el día de hoy? Señor, gracias porque nunca nos dejas. Señor, es cierto, vivimos en una sociedad como Babilonia. Señor, el mundo a veces nos pide que no tratemos de santo lo que tú has llamado santo, y quiere que perdamos reverencia hacia tu persona, hacia tu palabra, hacia lo que es tuyo. Y Señor, ¿Cómo cantaremos tu canción en tierra extraña? Señor, no queremos ser irreverentes contigo. No queremos ser irreverentes con tus cosas, con tus caminos, con tu palabra. No queremos, Señor, restarle la honra y la gloria y la santidad y el lugar de honor y reverencia que tú te mereces en nuestras vidas, que tu palabra merece en nuestras vidas. Ayúdanos a caminar firmes. en Babilonia. Ayúdanos a defender la fe. Ayúdanos, Señor, a ser fieles representantes tuyos. Ayúdanos, Señor, a ser hombres y mujeres que reflejen quién eres tú para nosotros. Señor, ayúdanos en estos días a seguir confiando. Gracias por tu palabra. En tu nombre estamos orando en Cristo Jesús. Amén y amén. Y con esta actitud, con esta misma reverencia, recordemos lo que dice Miqueas capítulo 4 versículo 10. La última parte. Allí serás rescatada. Allí te redimirá el Señor. Antes de pasar al pan y a la copa esta mañana. Quiero invitarte a que te quedes un momento más en el lugar en el que el sermón de hoy nos ha llevado, junto al río, en tierra extraña, con esa pregunta que tienes atorada en la garganta. Sabes, la Santa Cena no es una Ausha en lo que acabamos de escuchar, es la continuación de lo que Dios nos ha hablado el día de hoy. Es donde la promesa del Salmo 137. Y la respuesta de Mikeas se vuelven reales. Se vuelven visibles. Se vuelven una realidad. Irás a Babilonia. Allí serás rescatada. Y allí te redimirá el Señor. Allí. Allí. Allí. Ese ahí tuvo su cumplimiento real para los exiliados en Babilonia. Porque un día regresaron a su tierra. Pero esta vez también forma parte de una historia de redención aún mayor. La historia de la redención del ser humano. Tu redención y mi redención. Y encuentra su cumplimiento en la persona de Cristo Jesús. Y esa es la obra que vamos a recordar ahorita en unos momentos más. La obra de la cruz. Pablo escribió en Gálatas capítulo 3. Vamos para allá en Gálatas, Gálatas capítulo 3, versículo 13. Dice, Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está, maldito todo el que cuelga de un madero. Detente en esta frase. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros. Cristo no nos redimió de forma lejana, lo hizo de forma real, porque Él tomó cuerpo. Vivió 33 años, 3 años y... Hizo señales y milagros y predicó y al tercer y en el 33, en el año 33, él tomó tu pecado y mi pecado y lo cargó en la cruz del Calvario. Desde Génesis 3, desde la caída, el pecado se interpuso y el pecado afectó por completo. Nos separó y hacía falta una reconciliación. el Padre y Cristo es la reconciliación. Cristo nos reconcilió con el Padre. Cristo cargó nuestro pecado, soportó nuestra culpa, tomó sobre sí la maldición que nos correspondía y ahí en la cruz llevó a cabo la obra de redención absoluta y perfecta para ti y para mí. Y Él allí te redimirá, allí te rescatará, decía Miqueas, diciéndole al pueblo de Israel. Y en la cruz, en la cruz Él te rescató y me rescató a mí. Por eso esta mañana vamos a tomar el pan. No es una galletita nada más. Es un símbolo que representa el cuerpo de Cristo. Jesús dijo, hagan esto en memoria de mí. ¿Qué quiso decir? Recuerden que mi cuerpo fue entregado por ustedes. El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan y habiendo dado gracias, lo partió y dijo, esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mí. Cuando tomes este pan, recuerda esto, el cuerpo de Cristo fue entregado por ti. Él llevó el juicio que tú merecías. Señor, gracias por tu cuerpo. Gracias porque ahí, Señor, tú en la cruz cargaste el juicio. Mi pecado fue puesto en ti. y me perdonaste. Señor, queremos participar del pan, siendo conscientes de la solemnidad del momento, de la reverencia que este tiempo involucra. Pero agradeciendo que tu cuerpo fue partido por nosotros, para que hoy podamos tener vida, vida eterna y comunión contigo. En tu nombre oramos y participamos, Señor. Y recordamos tu obra perfecta, que fue completa. Fue terminada y fue suficiente para salvarnos. En tu nombre oramos y agradecemos. Amén. Podemos participar del pan. Ahí mismo en 1 Corintios 11.25 dice, de la misma manera tomó también después la copa. Después de haber dado gracias. Diciendo, esta copa es el nuevo pacto en sangre. Háganlo todas las veces. En memoria de mí. Un nuevo pacto. Los exiliados del Salmo 137 conocían el pacto de Dios para ellos. Sabían que el exilio era consecuencia de su pecado, de su desobediencia. Y sabían que solo Dios podía restaurar lo que se había roto. Pero este símbolo también nos recuerda de un pacto mejor, el nuevo pacto. Que Cristo murió por nosotros, que derramó su sangre para limpiarnos, para perdonarnos, para hacernos una creación nueva. Cuando participes de la copa, recuerda que representa la sangre de Cristo, que pagó tu deuda, mediante la cual te reconcilió a ti con Dios Padre. Que abrió camino para que pecadores como tú y como yo pudiéramos conocerle, tener vida y vida en abundancia. Esta sangre garantiza, la sangre de Cristo garantiza nuestra eternidad con Él. Y que nuestros pecados han sido completos, completamente limpiados, lavados y perdonados. El mismo Cristo que murió por ti, que resucitó, un día vendrá por su iglesia, por ti y por mí. Y proclamamos el nombre del Señor hasta que Él vuelva. Oremos. Señor, estamos tan agradecidos por tu... por la copa, por tu sangre derramada. Gracias porque voluntariamente decidiste subir a la cruz del Calvario para tomar forma humana, para derramar tu sangre, porque tu palabra dice que sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados. Y participamos con reverencia, con gratitud en nuestro corazón, proclamando que somos perdonados, que somos hechos limpios y que hay esperanza. En tu nombre, Señor, participamos y te honramos. En Cristo Jesús. Amén y Amén.