Speaker #0Bienvenides a la Studer, la cita especial de una comunidad comprometida con la paz, los derechos humanos, la no violencia, el feminismo y la justicia social. El objetivo, dar fuerza a quienes buscan hacer eco a estos valores. Nos unimos para estimular el pensamiento y fomentar el debate. Juntas, exploramos ideas poderosas y acciones concretas para dar forma a un mundo mejor. Episodio bonus en español, porque no he podido irme de Colombia. Buenos días, buenas tardes o buenas noches, dependiendo la hora que me están escuchando. Yo soy Margot Studer, nací en Amiens, en la región francesa de Picardia, y vivo en Colombia desde hace varios años. Estudié Derecho, Ciencias Políticas y Derecho Internacional, y me he especializado en Derechos Humanos, Paz, Justicia Transicional y Género. En mi tiempo libre, además del doctorado, estudio astrología y nuevas lenguas. De momento, y yo creo que por mucho tiempo porque no son las más fáciles, el árabe y el hebreo. Bueno, hoy les quiero contar por qué no he podido irme de Colombia. Llegué por primera vez en 2016. Después de tres días en Bogotá, ciudad que me pareció gigante y muy nuevo para mí porque a veces lo olvidamos, pero en Francia son ciudades muy chiquitas, yo llegué a Medellín por primera vez. Me pongo nostálgica cuando lo pienso. Y bueno, llegaba para trabajar en la Universidad Nacional Abierta de Adistencia de Medellín. Y me recuerdo como si fuese ayer. Vino mi jefe directa, el director de la UNED, y llegaron con buñuelos. Me sentí acogida y como si fuera mi casa, realmente. Sentí de una vez que ya tenía una nueva familia, que apenas me conocían pero ya me ofrecían su amor. Me llevaron en el hogar que iba a tener para unos meses, supuestamente, donde mi querida Laura... quien sin saber me iba a enamorar del barrio Carlos S. Trepo, donde terminé viviendo todo mi tiempo en Medellín hasta el año pasado. Imagínense. Bueno, y desde entonces, tanto en el trabajo como en el tiempo libre, me hice amigas y amigos, me mostraron muchas cosas, y yo no tenía ningún interés de acercarme a otros extranjeros. Quería vivir con las personas del mismo lugar y me enseñaron mucho. De los más jóvenes a los más adultos, de los más modestos a los más ricos. La paciencia fue la primera virtud que tuve que mejorar, pues, para comentarlos. ¿Cuál fue mi primera experiencia? Aprender la paciencia en Colombia. Digamos que en Francia, cuando uno pide un almuerzo, bueno, un almuerzo que no está como el almuerzo del día, uno casi no espera, o sea, 15 minutos es como lo máximo que se puede esperar. Y entonces cada vez debía esperar como media hora. Y me parecía tan largo, pero pues cada uno tiene su forma de hacer, ¿cierto? Entonces ahí fue mi experiencia primera, digamos, de aprender a ser paciente. Bueno, y también mejor es la escucha y el entendimiento. Cuando observaba y ponía atención a lo que mi entorno me quería hacer entender, me querían comentar, contar sus historias de vida, contar su familia, contar lo a qué habían bebido. Y lo que vi en cada uno de las y los colombianos es que se llevaba tanto el dolor de la historia conflictiva del país como el amor que todos necesitamos recibir y dar. Cuando mi contrato se acabó en la UNAD, y bueno, mi trabajo se había terminado, yo tuve que ir a trabajar en otros dos países, pero realmente, ya mi vida no tenía el mismo sabor. O sea, mi corazón literal estaba en otra línea de energía, digamos. Pues allá, en Colombia, no me esperaba ni un amor, ni nada, pues había hecho amigos, amigas, pero... nada que me esperaba realmente. Solo que yo creo que había yo misma decidida que es allá que me sentía bien. Pues, desde niña me decía yo que un día iba a encontrar un lugar donde sí me iba a sentir en casa. Y bueno, no es para denigrar a Francia, solo que por lo que he podido vivir o pues las energías que ya conocía. Allá no se alineaban a las que crecí toda la vida. Entonces decidí volver. Y cuando volví, después de mis vueltas, me puse a trabajar en diferentes partes. Pues ya había terminado la maestría en Francia y, bueno, como todos, para vivir y pagar las facturas hay que trabajar. Entonces empecé a, ¿cómo se diría?, experimentar. Trabajé un par de semanas en un supermercado famoso, no lo voy a nombrar porque no me quiero ganar problemas, entonces en un supermercado famoso de una zona rica de Medellín. vendía queso franceses. Y bueno, lo dejé, pero bueno, gracias a esta experiencia he podido conocer las condiciones de trabajo en un lugar tan cotidiano para todos aquí. O sea, aquí no va al supermercado. Y bueno, mejor que me fui porque iba a montar un sindicato como una buena francesa porque las condiciones de trabajo, Dios mío, yo me dije, aguantan mucho, la verdad. Luego de eso me puse a hacer trabajitos bien diferentes y con unas condiciones de trabajo no siempre optimales. Estuve decoradora de interior, asistente personal, monté negocios de Airbnb, hasta que un día me llegó un nuevo trabajo inédito. Me volví traductora de tour y no cualquier tour, el de la Comuna 13, con las y los guías de la Casa Colacho, los verdaderos fundadores del graffiti tour en Medellín. Y bueno, si bien estuve traductora de español a francés, encontraba mucha gente francófona de todos los lugares del mundo donde hablan francés. Y también de todo tipo de personas, entonces estuvo muy interesante. También conocía las obras espectaculares de artistas de la zona y algunos de afuera, pero literalmente me fascinaba porque siempre me ha gustado este tipo de arte, el street art, y entonces siempre me impresionó más allá del dibujo, también la historia atrás de los dibujos. Pero sobre todo... aprendí la historia de esta montañita arriba del metro san javier de una comunidad que había vivido una violencia terrible y que vivía todavía con el dolor insoportable de las desapariciones de sus seres queridos además cuando estaba en la comuna conocí y apoyé a la organización de las veracas de la mujeres fuertes independientes y muy veracas como lo dice el nombre liderada por la gran Y hasta en la pandemia hemos trabajado juntas para donar alimentos, porque allá viven del turismo, entonces cuando llegó esta pandemia fue muy dura. Bueno, y justamente esta pandemia. Yo la viví en Colombia. Siete meses, duro, encerrados. Yo no volví a Francia. Muchos se fueron a volver allá porque allá no encerraron así. Pero yo no, por razones varias yo me quedé. Y gracias a Dios había encontrado un trabajo que me hacía trabajar desde la casa. Pero no todos tuvieron esa suerte. Y la verdad, en estos siete meses de encierre, yo vi y sentí esta angustia. Ver este problema de la información que nos faltaba. Fue muy duro para todos. O sea, siete meses de encierre donde cada uno se encontró con sí mismo, obligado de verse desde adentro, con sus demonios y sus ángeles. Pero salimos de eso. Y sin duda fue un mal por un bien. ha transformado a la sociedad y creo nos hizo más conscientes. Y justo cuando empezó la pandemia, digamos a nivel mundial, no cuando empezaron a encerrarnos, sino antesito, yo que me había jurado nunca hacer un doctorado, me decidí a hacerlo. Y eso... No me iba a dejar ir de Colombia. ¿Por qué? Primero porque firmé para cinco años, entonces cuenten, ya todavía no he terminado. Es una cotutela entre París y Medellín y es sobre el derecho de acceso a la información pública para la paz, desde la información dada por el Estado hasta la participación ciudadana. Porque de mis observaciones de estos años sentí que... Es la falta de información, de conocimiento, que muchas veces provoco conflicto en Colombia. Pues es mi sentimiento y es lo que trato de desarrollar y demostrar en mi tesis, entonces no es para polemicar hoy. Cuando terminare la tesis, les presentaré, si Dios quiere, y podremos debatir. Y bueno, ya estoy en el último año, entonces falta poquito. Ahora pasaron más años, y créeme o no... En 2022 me iba a ir por cosas personales y porque ya quería un trabajo que es de lo mío, de mi especialización, de lo que me apasiona, pues postulaba, postulaba y nada. Tenía un sueño, es hacer un trabajo bien específico de terreno para La Paz, que sea en Colombia o ya en otra parte, está abierta a cualquier oportunidad que se presentaría. Entonces... Bueno, con unos meses de anticipación compré mi vuelo, pero solo el de ida a Francia. No compré la vuelta a Colombia porque no sabía realmente qué iba a pasar. Y entonces me dije yo me voy y averiguó en un tiempito cuando regreso. Y dos días antes de mi vuelo a Francia, recibí un correo del trabajo de mis sueños y en Colombia. Me aceptaban y además... Lo más loco, me pagaban el chiquete de vuelta de Francia a Colombia. O sea, que hace tres meses antes había comprado el chiquete y ya el universo sabía que no era necesario comprar la vuelta, porque ya mi próximo trabajo me lo iba a pagar. O sea, se imaginan, el universo no quería que me iba. Todavía quería que yo me quedara en Colombia, que trabajara en Colombia y que me faltara por conocer y por vivir aquí. Entonces ahora trabajo para la paz en Colombia. Estoy en una organización que me hace trabajar en el terreno, con las instituciones, con las comunidades, como siempre lo había soñado. Y después de haber vivido tanto tiempo en Antioquia, conociendo por arriba, por abajo, enamorándome de las montañas, los ríos, el calor, los colibrí y tantas cosas más, estoy conociendo ahora nuevos lugares. Hace poco me fui a Córdoba, a Sucre, conociendo a Montería, Cincelejo, Tolú, San Bernardo y además encontré unas personas hermosas, de estas personas que te dan alegría al corazón. Ya probé nueva comida, el bollo limpio, por ejemplo. Nunca lo había comido. Delicioso, me encantó. Pero bueno, me faltan todavía muchas cosas por conocer y por probar. Y hace unos años, seguramente les hubiera contado toda esta historia, toda mi experiencia en Colombia de otra manera. Pero con tantos años me ha pasado de todo, cosas buenas y cosas malas. De las dos estoy agradecida porque siempre me hizo mejor persona. Con todo lo vivido aquí aprendí a amarme, dejar ir lo que se debía ir y aceptar las tristezas como parte del aprendizaje. Porque lo que hay realmente en Colombia para mí es resiliencia, empatía, transformación y capacidad de adaptación rápida. mujeres en lucha población en lucha para la paz esperanza y fe para un mejor futuro ahora saben un poco más de la experiencia mía en colombia y si el universo me deja ir un día sé que será sólo un hasta luego porque siempre volveré a mi tierra querida